En la gesta del “hombre nuevo”

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WALTER SERRANO ABELLA
Medio siglo de comunicación íntegra

Pocos orientales tienen tanta propiedad para hablar de la cultura nacional, y especialmente de aquella que rodea a la gente de campo. En una época donde poco se pregona sobre valores como la integridad y la convicción, escuchar a Abella se transforma en un faro, un mojón, cuya humilde referencia, nos propone imaginar una patria mejor.

GC· GC· Del campo y su gente.

WA· El campo es un medio, pero fundamentalmente es un modo de vida. Nadie lo va a entender si no logra estar inserto una determinada cantidad de días en un establecimiento, conviviendo con gente de campo. Ahora hay profesionales exitosos y multinacionales que compraron tierras. Pero, hay que diferenciar “entre el hombre con campo, y el hombre de campo”.

La gente tiene además una verdad sesentista del campo uruguayo. Creer en la gran mentira del campo latifundista y terrateniente, es uno de los grandes problemas del país. Hay otro patrimonio que es mucho más importante, que es el de la gente media, productores chicos y medianos, donde todavía queda alrededor de ellos un aura que nadie define, que son formas y estilos de ser, que se conservan auténticos.

No hemos sabido explicar que es la “gente de campo”, y por eso, ni en Montevideo, ni los intelectuales, lo entienden como deberían. No hemos sabido llegar con el mensaje claro para dar a conocer que hay una cantidad enorme de gente que lucha en este país, que no tiene ni la escuela cerca para mandar a los hijos, y los gurises se crian distinto.

En la capital nunca van a entender que a esa gente no se le puede pedir que sean colectivistas o cooperarios, porque cuando al tipo se le termina la galleta en el medio del campo, lo tiene que solucionar solo; cuando el camino no le llega, ni se lo arreglan, lo tiene que arreglar el; si se prepara con el ganado en la manguera para al otro día bañar, se arma la tormenta y no puede, también tiene que enfrentarlo solo. Es alguien que desde que nace está supeditado a lo individual, a lo personal. Es muy difícil entender y hay que averiguar donde está la raíz y porqué nace, no hay que criticarla.

GC· ¿Hay una barrera que nos separa como uruguayos?

WA· Si, y es una desesperación recurrente tratar de hallar el modo de que los uruguayos puedan saltar la zanja que nos separa. Desde hace años, desde que irrumpió el movimiento tupamaro y los militares, a este país le hace falta una etapa de amor entre la gente, de acercamiento.

Somos un país dogmático. Se vuelve Izquierda o Derecha y no es así. La verdad no anda por esos cauces. Ni la verdad, ni la felicidad, ni el destino del país andan por esos cauces. Creo que todos deberíamos pensar serenamente, despojándonos de la idea brutal de la política de comité. No es acentuando las diferencias. Hay que buscar algún modo de acortarlas.

No sé si alguna vez no existió esta barrera, pero sí que era más chica. La identifico en mi adolescencia. Quizás existía, pero yo no la sentía. No sentía esa separación.

En mi pueblo había seis o siete de izquierda, y nadie los diferenciaba o se enojaba porque fueran comunistas o socialistas, nadie los separaba. Había acercamiento entre la gente. Yo viví toda la vida entre gente de izquierda y me enriquecieron mucho.

También está por un lado la propuesta y por otro la realidad, cuanto constriñe la realidad a la utopía de la propuesta hoy.

GC· ¿Tenemos una identidad como país?

WA· Como los griegos, aprendí a desconfiar de mis certezas. Solo mantengo algunas que son más que nada casi un desesperado grito de no apartarme de lo más profundo de la historia del país. Me parece que somos un país sensacional, hasta la dignidad del exilio es una cosa oriental, uruguaya.

Me niego a creer que somos un Estado tapón, que no tenemos una definición de país. Habremos nacido por las circunstancias que se quieran, pero somos un país. Y un país chiquito. A Uruguay no lo van a medir por su Fuerza Armada, ni por su geografía, ni su demografía; pero siempre se nos escuchó cuando hablamos de libertad, por ejemplo. ¿Hay cosas más importantes que la libertad para cualquier país del mundo o cualquier ser humano?

GC· Sobre el momento, desde el punto de vista político

WA· Creo que hay una cantidad de síntomas donde el espectro político nacional no hace foco y no ha detectado el camino para encausar el país. Ya no pasa por la solución simplista del comité, “vamos a darle un empleo a Juan, porque Juan era el que traía las sillas”, es lo más triste que nos pudo pasar. Nos pasa y estamos perdiendo por no apostar en destacar el talento. Lo mismo con los sindicatos y los corruptos. Entonces eso lastima, grado a grado el alma del país, de la patria.

A veces me siento solo, me da la sensación de que interpreto mal la estructura de toda la patria, o los que la interpretan bien no les interesa dar el puñetazo a todas estas cosas y enfrentar la realidad. También somos los reyes del cinismo, no tengan dudas. “Paguemos sueldos, seamos los mejores” y después, en vez de pagar los mejores sueldos, la izquierda se transforma en una derecha conservadora y torpe. Este es el principal drama del país.

Un proceso como el que llevamos cuesta mucho recuperar. Quitar posibilidad de educación y cultura a la gente se transforma en un proceso irreversible que tiene la lógica de los tiempos biológicos. Ahora hay que esperar los resultados de haber castigado duramente, de menospreciar y de acorralar a la educación.

El hombre lejos del poder se mantiene mucho más sano. El poder es una mala herramienta para quienes tienen el alma débil. No hay situaciones milagrosas, las revoluciones no la hicieron los pobres. Ni Bolívar, ni Artigas, ni San Martin ni Fidel Castro.

Ayer, cuando mandó el aparato militar, y desconoció a las instituciones, yo no me transforme en marxista. No quiero ahora, que la izquierda radical me transforme en fascista, porque hay otros caminos que comulgan con otra manera de ser, que para mí es el espíritu del pueblo oriental.

Todos saben que soy blanco, pero cuando creo que tengo que darle un golpe de riendas, lo doy, y protesto. Yo me cuido de no opinar como blanco. Seguramente las raíces me conmueven, pero yo no opino desde el comité y he tenido trifulcas bárbaras con dirigentes de mi propio partido. Es una decisión difícil opinar cuando se está en la comunicación, pero por sobre todo, creo que la gente no tiene que renunciar a lo que siente, y la mejor manera de vivir es expresarlo y no callarlo. Hay elecciones en la vida y hay cosas en las que no debería de claudicar ningún ciudadano.

MEDIO SIGLO DE COMUNICACIÓN CON VALORES
Fundó “Hora del Campo” el 21 de junio de 1968 en la Voz de Melo, apenas siete años después de haberse iniciado en el mundo de la radio en Difusora Treinta y Tres, con unos 18 años.

“Soy nada más ni nada menos que un comunicador del interior. Alguien que dedica su vida a una profesión que quiere mucho, que respeta mucho, que después de la familia es lo que ama más. Soy un hombre visceralmente radial, televisivo, alrededor del periodismo”.

Lejos de verse como un referente, valora de su trayectoria “no haber entregado nunca determinados valores que yo considero que el periodismo tiene que respetar. El único capital que tiene un periodista, un comunicador, es la credibilidad”.

En su criterio, no es posible que el periodismo se “arrastre” detrás de un aviso oficial o pretenda estar cerca del poder, “el periodismo no puede estar cerca del poder nunca. Dicen “somos el cuarto poder” y es mentira. Somos la mano en el pecho del poder cuando el poder se exacerba y desconoce la constitución y la ley. Somos eso. No somos poder. El día que pasamos a ser parte del poder, dejamos de ser periodistas, nos excomulgamos de la gente”.

GC· ¿Cómo se encauza el país?

WA· La falta de originalidad no es novedad dentro de nuestros líderes. Sin dudas que falta alguien nuevo que se encargue de esa tarea. Si tiene 30 años mejor. Alguien nuevo en la concepción del hombre, de la vida y del país. Que pateé el tablero, que se escape de los dogmas, que sea capaz de encausar otro estilo de funcionamiento y de vivencia entre la gente, que no nos separe tanto.

El hombre nuevo va a surgir y encausará el gran sentimiento nacional, recurriendo al origen mismo de algún modo para hacerse de herramientas. Ya no nos podemos sentar con los gurises en la mesa y decirles “éste es el país que te quiero dejar para que vivas”.

Cuesta mucho zamarrear el país. Los mismos medios de comunicación se le vienen arriba a uno cuando proclama eso. No hay tendencia a buscar la verdad y protegerla ya que nos va a traer muchos desafíos, y como toda verdad, nos va a doler, porque hay que asumir cuanta cuota de responsabilidad tenemos. A veces, ni siquiera queremos descubrirla.

En el año 2009 editó su libro “Martín Aquino El Matrero”, con más de 10.000 copias vendidas. En 2009 fue galardonado con el premio José Enrique Rodó, del círculo de la prensa, por su extensa trayectoria periodística y en 2010 Recibió el premio Revelación Bartolomé Hidalgo.

¿QUIÉNES SON LA GENTE DE CAMPO?

Todavía se sientan todos en la mesa familiar, se escapan del torbellino ciudadano, tienen más tiempo para ponerse a pensar y tienen un testigo permanente que es la naturaleza que los ayuda. El campo tiene horas más lentas que la ciudad, más largas y perezosas.

El campo, donde nació la Hora del Campo, ese campo, todavía se conserva aunque usted vea a los tipos llegar a jinetear al Prado con championes, un vaquero y las botas en un bolso Adidas. Ese tipo aún tiene un cordoncito umbilical que lo une al campo.

Más que un medio, el campo es un modo de ser. Y eso se le quedó, y se le queda gracias a Dios, a pila de gente.

Gente que va a la Patria Gaucha, gurises de 17 años – algunos que ya están en Montevideo estudiando- arriba del caballo, haciéndole trencitas, atándole la cola al caballo o participando de los fogones. Eso es un llamado, misterioso, hondísimo, de la especie. Es el hombre en su hábitat. En su natural manera de ser.

Las mujeres no se maquillan ni se despiertan todos los días con los ojos pintados. Osiris R. Castillo lo definió como la “ternura varona de la mujer del campo”. Mujeres de manos agrietadas, de ordeñar, de trabajar, de estar junto al hombre peleando el destino del campo y de sus hijos.

Si me preguntan, ¿cuál es mi lugar en el mundo?, yo me quedo en el campo. Ahí los atardeceres me producen placer y paz. La soledad de la puerta del galpón, del campo, no es la misma soledad que transitar entre un millón y medio de tipos buscando una cara conocida para decirle “buen día”. ·G·

BIOGRAFÍA
Walter Abella Palacio nació en Treinta y Tres, el 18 de junio de 1942 “en una chacra a metros del Yerbal” siendo el penúltimo de los seis hijos de doña Inés Palacio y de don Marcos Abella.

Dada la pérdida de su padre a temprana edad, su infancia estuvo marcada por la pobreza, “son golpecitos que yo los recuerdos también como patrimonio de una verdad insoslayable: en la vida hay que ser pobre. No pobre de espíritu, pero hay que ser pobres. La pobreza trae lecciones que no lo tocan directamente a quien no fue parte de ella, o no estuvo cerca, a quien no bebió de esos pequeños sorbos amargos. Ser pobre trae también la convicción de que siempre se puede”.

Formó parte de una generación que otorgó al país grandes figuras de la cultura. Fue compañero de clases del guitarrista Rubito Aldave, del ex Olimareño, Braulio López, y luego entrañó una amistad muy fuerte con su compañero, Pepe Guerra, con quien mantiene el vínculo hasta ahora. “También conocí y fui amigo del maestro Rubén Lena, quien inventó la Serranera y se encargó de ponerle a la música, el auténtico acento nacional, que luego el centralismo montevideano se encargó de opacar”. Pero recuerda también a Amalia de la Vega, Osiris Rodríguez Castillo, Aníbal Sampayo, el “Bocha” Benavides. “Cosas que uno vivió sin darse cuenta del entorno. Con retrospectiva después, cuando se asimila, me di cuenta cuán importante era ese momento”.

Hace 50 años se casó con Osiris Silveira Mallares, “Pelusita”, con quien tiene dos hijos: Walter Joaquín de 49 años y Bonny 48 años.

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