Editorial N° 8 Feb 2017

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DESAFÍOS PARA EL 2017

En el comienzo del año tenemos que analizar en perspectiva que nos espera de aquí en más. Muchos de los factores que afectan nuestras economías no los podemos manejar, somos tomadores de precios de un mercado global, con incidencias de todo tipo que siempre terminan en el bolsillo del más frágil de la cadena, que es el que produ­ce la materia prima.
El desafío de planificar un negocio a largo plazo es abrumador, los productores más o menos podemos tener certeza sobre el costo de lo que producimos, pero, porte­ras afuera, desconocemos cuáles serán nuestros ingresos.
Así afrontamos año a año nuestro negocio. Al mercado incierto se le suma otra incertidumbre crucial: el comportamiento del Estado.
El Estado tiene una incidencia fundamental en la actividad y hace muchos años que no contamos con un Estado que comprenda las necesidades del sector y mu­cho menos que intente articular políticas públicas de calidad, diseñadas y ejecutadas mirando el desarrollo de los actores del sector privado. La relación de los últimos años fue sólo para ver cuánto más se le puede extraer al sector privado para sostener un Estado cada vez más grande, que gasta más de lo que recibe, excediéndose en más de U$S 2.000 millones, lo cual ha confirmado el mayor déficit fiscal de los últimos 27 años, estimado en el 4% del Producto Bruto Interno.

Esta Rendición de Cuentas será una prueba para el Gobierno, que deberá plan­tarse ante los reclamos, con peligro de pérdida del grado inversor, que sería muy grave para la llegada de inversiones y acceso al crédito. Tiene que ser el momento de reducir gastos y no seguir optando por el aumento de ingresos que lo paga “Juan Pueblo”. La otra opción es seguir aumentado el endeudamiento público e hipotecar el futuro de varias generaciones.
Estamos en la cruz del camino, la relación entre el agro y el Estado es determinan­te, no se puede pensar en un proyecto de país posible menoscabando, succionando y despreciando a la cadena productiva, principal fuente de ingreso de un país agroexpor­tador.
Hoy hay una idiosincrasia cultural en perjuicio del hombre de campo, pero se tiene que tener presente que nuestro país vende alimentos y el Estado tiene la responsabili­dad de preservar a quienes los producen.

Si esto no se entiende, no se entiende el país.

Esc. Ricardo Berois
2do. Vicepresidente

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