OTROS TIEMPOS

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SUSANA HATCHONDO
Secretaria Sociedad Rural de San Jorge

A unos 90 kilómetros de la ciudad de Durazno, por ruta 100 y pasando los históricos pagos de Carpintería, la Sociedad Rural de San Jorge celebró recientemente su centenario de vida.

La celebración tuvo una amplia convocatoria del público locatario que acompañó desde el acto protocolar, donde tomaron la palabra directivos de la gremial y autoridades departamentales, hasta que finalizó con un par de actuaciones artísti­cas.

En la instancia se destaca la oratoria de la Arquitecta Cecilia Fagián, cuyos orí­genes están muy vinculados a la localidad y donde no solo reseñó aspectos concer­nientes a la historia de San Jorge, sino que prestó especial énfasis en la posibilidad de restaurar el antiguo molino que, pese a los años, conserva su maquinaria original de 1800, un símbolo histórico de una pujante región que una vez supo ser.

La realidad de la zona ha cambiado abruptamente, San Jorge y sus aleda­ños ven en la agricultura y la forestación sus principales actividades productivas hoy día. Como en muchos poblados del interior profundo, el tiempo y el reciente escenario productivo han determinado también una nueva trama social.
Los productores tradicionales, agro­pecuarios, quienes impulsaron y mantuvie­ron la Sociedad ya no frecuentan la insti­tución gremial, ni la zona, en su mayoría. Apellidos como Castells, Carrasco, Llado, Vera, Pupo, Corvo, Gaztambide, Saprissa, quedan si en la memoria.

“Son momentos cruciales en las zo­nas rurales” entiende Susana Hatchondo, secretaria de la centenaria federada, “ha habido un cambio que ha desarmado las estructuras sociales y los desafíos pasan ahora por reorganizar la institucionalidad con una estructura actualizada, una tarea para nada fácil” sostiene con sabiduría a sus casi 80 años de edad.

No se trata de una realidad aislada, de una responsabilidad que atañe a la gremial. Los tiempos y las condiciones son otras. Las ferias ganaderas se terminaron y allí radicaba parte del sustento econó­mico y social de la institución. “Era una zona muy prospera y había ganados de excelente calidad, pero sobre todo, cada remate se constituía como una instancia de encuentro social, de familia” recuerda Hatchondo, quien agrega que de ese en­cuentro surgían las buenas ideas “después de la feria, la reunión seguía en la sede social y allí se proyectaba entre todos la localidad”.

UNA HISTORIA INGLESA
Lejos, muy lejos de la soja y la forestación avasallante, quedaron las historias de los primeros productores agropecuarios de la zona, los ingleses y su colonia. De la que hoy queda aún algo de descendencia.
Legado de una época prospera, en las cercanías de la localidad aún se conser­va la estructura y maquinaria de un antiguo molino triguero de 1880. “San Jorge fue un polo agroindustrial” sentencia Hatchondo, a propósito del proceso que derivaba en la harina que era producida en la localidad hace más de cien años.

En adaptarse está la clave, y mien­tras escuchar el martillo en la pista no es viable de momento, la sede social cobra especial relevancia, aportando un espacio de encuentro comunitario con diversas actividades que van desde instancias de capacitación hasta eventos sociales. ·GC·

 

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