ABRIENDO CAMINO, EN HUNGRÍA O EN INDIA MUERTA

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ALFONSO MARTÍNEZ
Abriendo Camino

“Somos todos gurises jóvenes”, dice Alfonso Martínez, nacido en Lascano pero afincado desde niño en Pay­sandú. Conduce una combi vinculada al turismo. Sus compañeros son tolveros. Son los únicos momentos del día –cuando trabajan- en que no están vinculados a la creación musical, a tocar folklore, a viajar por el mundo llevando la música del Uruguay.

Juntos, ellos, forman la banda folkló­rica Abriendo Camino, una de las agrupa­ciones del género con mayor proyección nacional e internacional. Hacen folklore tradicional, le cantan al campo y su gente, combinan los ritmos del norte con el canto del sur, y su producto es visto en las redes sociales y en los festivales de verano, en los bailes de invierno y en los bares capi­talinos donde lo gauchesco está de moda. La música les unió hace mucho, allá lejos.

“Esto arrancó hace 9 años. Nací en Lascano, Rocha, y las vueltas de la vida me hicieron vivir con mis viejos en Pay­sandú donde conocí a dos gurises chicos que tocaban el acordeón y la guitarra, y se nos dio por arrancar. Lo hicimos como jugando a hacernos los músicos y ensayar hasta que un día nos contrataron. Yo tenía 12 años y tocaba la guitarra. Luego, por la falta de acordeonista joven –que no los hay acá en Paysandú- agarré el acordeón y no la solté nunca más”. Alfonso Martínez es el líder de la banda. Conduce el micro, com­pone, canta, toca el acordeón y atiende el celular para negociar una contratación. “En abril me comuniqué con Sergio Rodríguez (el mismo representante de Copla Alta), aceptó representarnos y comenzó a tomar las riendas del asunto. Soy chofer y músi­co, ser representante también se compli­ca”, dice entre risas.

De aquella integración inicial, Felipe Basso y Martín Pereyra ya no están en Abriendo camino. Cuando eran tres, se sumó Luciano Barrios de Trinidad (Flo­res), que tocaba la batería. Aquella troupe se mantuvo 4 años. Con el tiempo y las canciones fueron rotando las integracio­nes. “En el correr de los 10 años se han sumado varios y se han ido otros tantos”, justifica Alfonso.

DEL VIDEO AL ESCENARIO
Sus videoclips suman decenas de miles de visualizaciones en Youtube, mientras sus redes sociales hablan de sus actuaciones y sueños, de sus letras y sus próximos toques. De aquel inicio queda Alfonso Martínez tocando acordeón y can­tando, y Luciano. Hoy está Esteban Soler en guitarra, Guillermo Maidana en percu­sión, Cristian Martínez en batería, Luciano Barrios que volvió hace poco, en guitarra y voz y Leo Lemes en técnica y sonido. Cuando se le busca en Google, Abriendo camino no demora.

Alfonso comenzó con el acordeón cuando su abuela le ayudaba a sostener el instrumento, porque tenía 6 años y aquel enorme aparato le miraba desde la mesa. Cuando pudo sostenerlo, no lo abandonó más. Es una historia compartida, la de vida y la de música.

“Cuando vine a Paysandú empecé a estudiar solfeo y me gustó mucho. Era un instrumento muy interesante y siempre se aprende algo nuevo en la música. Yo los conocí a los otros dos integrantes porque estudiaba en una academia en Paysandú, y si bien es raro que a gurises chicos les guste el folklore, empezamos a tocar juntos y surgió la idea de empezar a ensayar. Apareció aquel primer toque y no teníamos nombre aún. Fuimos a una radio y desde allí nació la propuesta de que la gente tirara nombres. Fueron varios, y nos gustó Abriendo camino. Con el tiempo me enteré que fue una vecina mía que había sugerido el nombre”, narra Alfonso a modo de anéc­dota del grupo.

Eran muy chicos, demasiado. Tenían 8, 9, 10 años y ya tocaban La Verdulera so­bre el escenario. Entonces no imaginaban que en octubre de 2016 editarían su primer disco, que comenzaría a auspiciarlos una marca de ropa, Raidistas, que los llamarían de casi todos los festivales del país y que viajarían por el mundo, para conocer Argen­tina, Brasil, Chile, España, Portugal, Serbia y Hungría. “Nos vamos superando y nos va bastante bien”, narra desde la humildad el joven cantante de 22 años. Entre viajes a Europa y actuaciones de verano, estudia profesorado de música en Paysandú.

Cada agrupación tiene una historia oficial, y la de Abriendo camino se inició en un restaurante de las termas de Guaviyú.“Pasamos la gorra y nos dieron unos pesos. Arrancamos a tocar en criollas, cumpleaños pequeños, y cuando llegó el momento de tocar eran 20 mil personas y nosotros sobre el escenario”

HISTORIA DE MÚSICA
Cada agrupación tiene una historia oficial, y la de Abriendo camino se inició en un restaurante de las termas de Guavi­yú. “Pasamos la gorra y nos dieron unos pesos. Arrancamos a tocar en criollas, cumpleaños pequeños, y cuando entró Luciano en la batería tocamos en el Festival del Lago en Andresito. Eso fue a los 3 años de haber comenzado. Éramos gurises y si bien era otro ambiente, nos supimos manejar. Teníamos el apoyo de nuestras madres, pero cuando llegó el momento de tocar eran 20 mil personas y nosotros sobre el escenario”.

Otro hito se cumplió al vincular la ban­da con Montevideo, cuando nacía el Ballet Folklórico de Montevideo. “Nos invitaron y dijimos de probar, porque económicamente no nos servía. Había que pagarse el boleto. No te daban plata, pero como experiencia sirvió. Fue en 2014 la primera vez que via­jamos a Europa con el ballet, y nos cambió la cabeza. Es otra educación del público con la música, que valora la riqueza de nuestro folklore. Allá aunque no le guste, te miran fijamente y prestan atención a lo que estás tocando”, narra el vocalista Alfonso. Durante ese periplo junto al Ballet Folklórico de Montevideo –que culminó en 2016- los músicos tocaron en vivo “mientras el ballet al costado nuestro bailaba con sus co­reografías. Su director elegía los músicos y el repertorio, hacíamos algunos temas nuestros, además de tangos, milongas y malambos”.

‘De garrón duro’, ‘Flor del pago’, ‘El toro campeón’. Los jóvenes le cantan al campo y su gente con temas propios, nacidos del contacto con la naturaleza. No reniegan del teléfono celular ni de las virtudes de Facebook o Twitter, y desde allí cuentan que han creado 15 temas, donde la melodía alegre y las letras pegadizas hacen pensar en una rápida comunión con su público.

Cuando Alfonso Martínez piensa la música, lo hace en función de la esencia folklórica, el público que les aplaude en cada escenario y los tiempos de hoy a los cuales no puede escapar. “Hacemos otro folklore más moderno, no es el mismo de antes. Jugamos con la modernidad, vamos hacia el estilo de Rio Grande do Sul, que llama la atención. Tratamos de que esto no sea una moda, porque las modas se termi­nan. Buscamos que sea siempre algo que a la gente le guste, sacamos algún tema nuevo, siempre renovándonos, bromeando sobre el escenario. Hacemos música para que la gente baile”.

UN CAMINO DE SUEÑOS
La idea de proyección de la banda es seguir trabajando, grabando temas, perfeccionando el espectáculo para que al público le guste. La meta común es viajar a Hungría en agosto próximo. Una compañía de festivales de la Unión Europea mediante su ministro de Cultura les convocó a ser parte de un evento internacional, donde comparten tablas y guitarras representan­tes de Brasil, China, Chile, Rusia y países de todos los continentes.

Cuando no viajan por el mundo son parte de las grillas de festivales en Uru­guay. Desde Andresito a Durazno, desde Charqueada a Pan de Azúcar. “Hay años que trabajamos todo el invierno, otros no. El verano siempre se mueve, época de fes­tivales. Desde diciembre a marzo. Tocamos en bares, bailes (Cimarrón, en Montevideo, por ejemplo), cumpleaños. A esos even­tos no va toda la banda, concurrimos sin batería a veces”, dice Alfonso, quien no puede desprenderse totalmente de su rol de manager.

En sus letras y contenidos le cantan a las historias de un arroyo, a los pueblos que quedaron sumergidos bajo el agua. Hablan de gente de campo, del paisano de antes y el de ahora. “A veces nos enfo­camos en algo que vimos y le cantamos”. En sus dichos no están solos, pues se ro­dean de otros músicos. Con Carlos Malo, con la banda A puro viento, con aquellos que vibran de la misma manera. Desde La Colina Records, en Paysandú, salen las ideas hechas disco y canción, con un profesionalismo digno de imitarse.

Alfonso cuenta del presente, con una madurez que asombra. “Estamos comenzando a componer nuevamente, tranquilos, porque así las cosas salen mejor. Vamos a sacar nuestro próximo clip en breve, pero el disco saldría a fines de 2018”. Como todos los jóvenes, se convocan mediante un grupo de What­sApp. Se citan para componer la música, para colectivizar las letras, para elegir los ritmos y definir calendarios. “La perfec­cionamos hasta que queda algo bastante lindo para escuchar”, dice Alfonso, como con vergüenza.

Es el folklore con más identidad de la región, y sin embargo no escatiman ritmos de cumbia en el comienzo de ‘La fiesta del raid’. Tampoco reniegan de las redes sociales, porque saben que hacer al folklore visible es su responsabilidad. “Antes el folklore estaba escondido, no se movía mucho. Ahora por suerte comenzó a perfeccionarse, a producir videoclips, y es la nueva generación del folklore”.

Y ellos van Abriendo camino, como meta que se trazaron hace 10 años, cuan­do eran niños.

“UN INTERESANTE TRÍO DE MÚSICA FOLCLÓRICA”
Corría el año 2009 en Paysandú. El diario El Telégrafo se fijaba en “un grupo de gurises sanduceros” que conforman “un interesante trío de música folclórica”.
La foto daba cuenta de niños con guitarras y acordeón, donde resalta el instrumento por sobre las breves geografías de los músicos.
“Estos pequeños artistas de la canción, son capaces de mantener atrapada a la platea más inquieta. Frescos, espontáneos y simpáticos”, narraba la profética pieza del diario sanducero. Hacía referencia al niño Alfonso Martínez de 12 años, Felipe Basso de 8 y Martín Pereyra.
La nota de hace 8 años no escatima elogios. Dice que Alfonso canta y toca la guitarra, que Felipe ejecuta el acordeón de dos hileras “con envidiable destreza”. Aporta sus historias de entonces, cuando viaja­ban desde el campo a la escuela en la ciudad, cuando ganaban concur­sos televisivos –Conquistadores 2008, se llamaba- y cuando hacían sus primeras experiencias artísticas junto a la Sinfónica de Tambores, como invitados.
“Si bien no hace mucho tiempo que comenzaron a pisar las tablas de un escenario, en este corto tiempo de actuaciones públicas y privadas, los aplausos recogidos demuestran la aprobación de un público que gusta de la propuesta. Sus comienzos como grupo han estado pautados por encuentros familiares, actuaciones en escuelas públicas y alguna participa­ción en festivales criollos. Por supues­to que sus respectivos padres apoyan la inquietud y acompañan a los chicos en cada una de sus presentaciones. Hasta en algunos casos sugieren – detrás de escena – qué canción puede ser la próxima. Lógicamente que ello va de acuerdo a cómo va re­accionando el público al finalizar cada canción. Acordeón y dos guitarras, potenciadas por agradables voces blancas dan vida a la ilusión de unos amigos que entre juegos y aprendiza­jes sueñan con llegar al gran escena­rio”, rezaba el artículo del 2009, hecho público luego de la primera actuación en el centro termal Guaviyú para un Congreso de Círculos Policiales de todo el país.

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